Queridos compañeros y amigos, deseando que tengáis el mejor ánimo y desde luego, la mejor salud, desde la asociación, UJPN, y por si os pudiese ser de utilidad, os queremos participar algunas reflexiones

Diariamente nos llegan noticias,  informaciones, recomendaciones, videos, ”gracietas”;  datos de muy distintas fuentes y credibilidad que nos dicen que es el Covid-19, como se coge, que hay que hacer, que no…; así un largo etcétera. De forma simultánea estamos expuestos a un sinnúmero de datos y de supuestas interpretaciones técnicas y estadísticas. Ante esta avalancha de información y ruido mediático me parece interesante comentar algunos aspectos de naturaleza psicológica, con el bienintencionado interés de ayudar a la contextualización cognitiva que nos permita comprender los estados de ánimo a los que nos vamos a enfrentar en este delicado proceso, y por  si pueden suponer una ayuda para  sobrellevar esta cuarentena.

Nos centramos  en aquellos aspectos anímicos que  vamos a vivir en el “largo” tiempo de confinamiento, con más o menos paciencia, resignación o impotencia, según los casos. Mayoritariamente vamos a pasar por cuatro fases: expectación, ansiedad/miedo, resistencia, y euforia. Los límites temporales de cada una de ellas variarán en función de la personalidad de cada uno y de las condiciones que directamente le afecten.

Primera fase: La expectación

En un primer momento es lógico y normal que la cuarenta se viva con cierta incertidumbre y en algunos casos de cierta “histeria”. Es una experiencia novedosa, difícil de valorar la magnitud del problema y sin que conozcamos su límite temporal; todo ello sin experiencias vivenciales de naturaleza similar. Como todo esto se desconoce, los primeros días puede tener hasta un cierto punto de curiosidad “divertida”, máxime cuando los datos más dramáticos están por llegar y, sobre todo, por visualizar; mezclado con un punto de miedo y de negación del problema: “ya será menos”, “parece que eso le afecta a los viejos·,” a los que tienen patologías previas”, “pues yo conozco casos que no…”. Lo más probable es que estos primeros momentos sean los más llevaderos de todo el proceso

Segunda fase: la ansiedad / el miedo

 En un segundo momento va desapareciendo lo novedoso, y se van acumulando los datos más dramáticos, las informaciones  contradictorias, los “errores de gestión”, las informaciones interesadas. etc.; y aparecen las dudas, la falta de credibilidad, los reproches, el cabreo, la ansiedad, el miedo.

Es especialmente sensible el efecto acumulativo producido por  la  permanente sobreexposición en los medios de comunicación de informaciones, de imágenes, en unos casos reales y en otros en los que la  anécdota es elevada a categoría, y siempre con abundante participación de tertulianos que sin el menor reparo opinan, que digo opinan, dogmatizan de todo; apoyados, eso sí, por un sin número de “expertos opinadores” que hacen añorar un tiempo en que la opinión venga respaldada por la autoridad moral de una acreditación oficial  de conocimientos, por la experiencia acreditada en instituciones de reconocida relevancia en el ámbito de la especialidad, por sus trabajos científicos o técnicos publicados, etc. En estos momentos, predomina el concepto atroz de “técnico de guardia” en el ámbito del que toca hablar, que a saber su cualificación, objetividad, credibilidad.

Al final de esta segunda fase es fácil que se vaya evolucionando, especialmente por la importante repercusión de las informaciones recibidas, en particular a través de los medios. En la medida que se prolongue aparecerá un cierto cansancio, el nivel de rigor en el tratamiento de la información en muchos casos se incrementará, todo ello compatible por la búsqueda de elementos que mantengan la expectación. En muchos aspectos, esta segunda fase es la más difícil y con carácter general la que provoca más sufrimiento. El éxito adaptativo está muy influido por las características personales.

Tercera fase: De resistencia.

 En un tercer momento  las nuevas pautas de comportamiento se van convirtiendo en rutinas, producto de la adaptación al cambio y de un punto de resignación, cansancio y expectativas de “luz al final del túnel”. Probablemente comenzará a dominar datos de comparación con otras realidades, otros países, los datos serán más globalizados y comenzará a aparecer el peso de los posibles datos favorables. Pero también aspectos negativos: la contumacia de los datos negativos cuando no dramáticos, el cansancio, la vivencia de situaciones negativas afectivamente próximas.

Cuarta fase: la euforia

El estado de ánimo indudablemente va a cambiar cuando la curva de incidencia comience claramente su descenso, con incremento de curaciones, reducción de infectados, fallecidos, etc. La expectativa del final de todo lo más duro y, sobre todo, la expectativa favorable de salir personalmente con bien.

Además de los datos, ya normalizados”, irán reduciendo su incidencia negativa. Por otra parte mayoritariamente se incrementarán las explicaciones  interpretativas comprensivas; la enormidad del problema al que nos hemos enfrentado, los problemas que también han tenido otros países, etc., y porque no decirlo, la aparición de “un peculiar síndrome de Estocolmo”. Es un momento obviamente favorable en el que la prudencia será una virtud muy recomendable.

Con carácter general,  y siempre teniendo en cuenta que la intensidad de la dureza con la que individualmente nos haya afectado no será igual, se podría afirmar algunas conclusiones:

  • Llevarán mejor todo lo que supone los efectos que ha desencadenado el CVID-19:
  1. Las personas con más capacidad para tolerar la frustración, con independencia de variables como la edad, condición cultural, económica, social.
  2. Aquellos con capacidad de seguir adelante ante situaciones adversas; la famosa resilencia
  3. Las personas con cierta capacidad de empatía, de ponerse en lugar de los demás, siempre que no conlleve “sufrir por todas las calamidades por las que están pasando todos los que conoces”·
  4. Por muy distintas razones, generalmente relacionadas con una determinada cosmovisión interpretativa, las personas “moralistas”
  • No necesariamente lo llevarán mejor aquellas personas habituadas a fuerte disciplina formal, rigidez de comportamientos y simplificación del pensamiento. En contra de lo que pudiese parecer.
  • No lo llevarán especialmente bien:
  1. Las impulsivas, muy emocionales, con dificultades de control
  2. Aquellas con dificultades de ansiedad, hipocondría y obsesiones, etc.
  3. En sentido inverso las mencionados en el primer apartado, punto 1 y 2, cuando las condiciones se manifiestan en sentido negativo:
  • Aquellos que “les da igual”·, “que pasan”. Este tipo de planteamiento en ningún caso favorecerá una adaptación razonable y terminarán teniendo preocupaciones objetivas de las que ocuparse.

Con carácter general ayudara más en el proceso adaptativo ocuparse de lo que uno mismo tiene que hacer y de cómo hacerlo bien, que preocupado en exceso de  porque  yo, porque a mí, por la  mala suerte; o por los reproches, o estar permanente y obsesivamente pendiente de los medios, etc. 

Con los mejores deseos para todos.